Hoy admiramos la vocación de José, el hombre justo, llamado para ser esposo de María, acoger al Niño, darle su nombre, cuidarlo, guardar esa familia singular, primera iglesia doméstica.
En los primeros capítulos de Mateo y Lucas puedes leer su historia.
Su vocación y su vida no fueron fáciles como no lo es la vida humana, y más de los que se acercan a Dios, y más la de su Hijo crucificado. Una cosa distingue a todos: la fe, la confianza, el ponerse en sus manos, en "hagase tu voluntad y no la mía".

Se lo pedimos hoy a san José, patrón de la Iglesia, de los padres de familia, del seminario, de los "llamados" para seguir a Jesús y realizar su misión...:
¡San José, ruega por nosotros!
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